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Ya hablará…¡NO!

Las alteraciones de lenguaje son problemáticas bastante comunes en la población infantil. Las estimaciones de prevalencia indican que entre el 3 y el 7% de los niños pueden verse afectados por alguna dificultad lingüística, con mayor o menor gravedad, a lo largo de su escolaridad.

Hoy en día estas alteraciones siguen siendo un tema controvertido ya que, por falta de investigación, aún no hay un consenso en cuanto a terminología, definición, criterios diagnósticos unificados, entre otros aspectos.

No siempre es fácil perfilar la línea divisoria de si estamos ante un posible “Trastorno del Desarrollo del Lenguaje” (TDL), conocido hace poco como Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) o bien las dificultades de lenguaje y comunicación son comórbidas o se enmarcan en una entidad clínica más amplia como puede ser en un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), en un Trastorno del Espectro Autista (TEA), etc.

Sea como fuese, la realidad en el contexto educativo nos hace ver que los alumnos que en la etapa infantil presentan dificultades en las competencias lingüísticas orales tienen más probabilidad de presentar dishabilidades en el proceso de la lectura y la escritura, con el consecuente riesgo que se pueda comprometer su rendimiento académico.

En el peor de los casos, las dificultades lecto – escritoras, especialmente aquellas que no han sido diagnosticadas ni tratadas, pueden ser motivo de fracaso escolar y conllevar varios desequilibrios emocionales como presentar un bajo nivel de autoestima.

Diferentes características presentes desde el nacimiento, nos pueden hacer sospechar que un infante no sigue el ritmo esperado para su edad en cuanto al desarrollo del lenguaje. Algunos signos de alarma que nos pueden alertar antes de los 5 años son los siguientes:

  • Bebés muy tranquilos que reaccionan poco al mundo sonoro y o a las voces más cercanas.
  • Ausencia o inicio tardío del balbuceo (más allá de los 6 meses).
  • Desfase de la aparición de las primeras palabras y repertorio reducido de vocabulario entre los 18 y 30 meses.
  • Aparición retardada de la holofrase (combinación de palabras) más allá de los 24 meses.
  • Dificultad en la comprensión de palabras y de consignas orales.
  • Ausencia del juego simbólico o limitación del mismo (24- 30 meses).
  • Uso o abuso del gesto, como modo alternativo de comunicación, en substitución de la expresión de palabras y/o frases a nivel oral.
  • Un incremento lento del vocabulario junto con una evolución limitada de las oraciones (frases que no aumentan significativamente ni a nivel de longitud ni a nivel de complejidad) especialmente de los 3 a los 5 años.
  • Pocas o pobres habilidades sociales que condicionan la interacción tanto con los iguales como con los adultos.