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Pese a que puedas llegar a confundirlas, la dislexia y la disgrafía son dos dificultades bien distintas que (se manifiestan) interfieren en el aprendizaje de los niños. Ni sus causas ni sus síntomas se parecen en absoluto. Te invitamos a que salgas de dudas a través de este post, en el que abordamos los signos que se manifiestan en los más pequeños de la casa para que puedas llegar a identificarlos cuanto antes.

¿Qué es la disgrafía?

La disgrafía es una dificultad específica que afecta a la escritura e impide a los menores utilizar debidamente la herramienta de escritura que emplean, desde lapiceros a bolígrafos, pasando por cualquier otro instrumento ideado para escribir. Les costará sujetarlos, lo que dará lugar a una serie de complicaciones a la hora de redactar un texto con la debida normalidad.

Una de las causas de esta dificultad se halla en la falta de coordinación de los músculos que se reparten por la mano y por el brazo. Como consecuencia, el menor no puede llevar a cabo los trazos que conforman cada letra como lo hacen el resto de escolares de su misma edad. Su escritura resulta difícil de comprender e incluso, en ocasiones, es ilegible.

El origen de este problema no se halla, por tanto, en la existencia de ningún trastorno de tipo neurológico ni tampoco intelectual, como sí ocurre con otras problemáticas habituales, similares a la que también tratamos en este texto.

¿Cuáles son las diferencias más evidentes entre la disgrafía y la dislexia?

Ahora que ya conoces en qué consiste la disgrafía, es el momento de que aprendas a diferenciarla de la dislexia, que se define como un trastorno centrado exclusivamente en el aprendizaje de la lectura y la escritura. Es el más común de todos. Lo padece, en la actualidad, entre un 5 y un 17 % de la población, afectando por igual tanto a hombres como mujeres. En este caso, su aparición sí se debe a causas neurobiológicas.

Pero como mejor podrás comprobar las diferencias entre uno y otro trastorno es descubriendo, uno a uno, cada uno de los síntomas de quienes padecen disgrafía. Son algunos de los que hemos reunido a continuación.

1. Dificultad para coger el lápiz

¿A los más pequeños de la casa les cuesta sujetar el lápiz cuando realizan las tareas escolares? ¿Llevan a cabo cada trazo aplicando más fuerza o una presión superior a la necesaria? ¿Se cansan escribiendo porque esta acción requiere de un esfuerzo demasiado grande para ellos?

Es uno de los primeros síntomas que te puede llevar a sospechar que tus hijos sufren este trastorno, aunque no es definitivo. Es importante que prestes atención a otros signos.

En los disléxicos, por su parte, no se da esta característica.

2. Las letras tienen un tamaño superior

Comprobarás cómo las letras que escriben tienen un tamaño superior al que sería correcto. Además, es más que probable que mezclen, sin razón alguna, letras mayúsculas con otras minúsculas en una oración y hasta en una misma palabra.

Los disléxicos, sin embargo, confunden el orden de las letras y las palabras, provocándoles serias dificultades en la lectura.

3. Faltan los espacios entre palabras o se exageran

Omiten los espacios correspondientes entre palabras. También eliminan espacio que existe entre una letra y la siguiente. Lo mismo sucede, en ocasiones, con el interlineado y con los márgenes. No los respetan, se los saltan y los textos pueden llegar a solaparse de manera parcial, lo que dificulta considerablemente la lectura.

Del mismo modo, también es habitual que dejen más espacio del necesario entre las letras y las palabras. No es extraño que, a veces, se salten líneas.

4. Escriben a un ritmo diferente

El ritmo al que escriben los alumnos que tienen este trastorno es diferente al del resto de estudiantes de su curso. Por lo general, van mucho más lentos que la media, aunque también puede darse el caso contrario y que su velocidad sea superior a la de los demás.

5. Presenta una postura incorrecta

La postura que los niños adquieren a la hora de escribir es otro punto que debes tener en cuenta a la hora de familiarizarte con la disgrafía y sus características. No suelen mantener la correcta. Acostumbran a inclinarse en exceso sobre la mesa ante la que se sientan, manteniendo la columna vertebral doblada.

Advertirás, igualmente, que su cuerpo presenta una rigidez motora inusual.

Tratamientos de la disgrafía

Mira todos los recursos de lectoescritura

Si te estás preguntando si la disgrafía cuenta con tratamientos que lleven a paliarla, la respuesta es afirmativa. Los expertos realizan una serie de recomendaciones que ayudarán a los niños a conseguir la mejora deseada.

Para empezar, puedes optar por proporcionarles unas herramientas de escritura que les faciliten esta tarea. Ese es el caso de los lápices y bolígrafos que tienen un grosor superior. También tienen la oportunidad de decantarte por los adaptadores

que se incorporan a los que ya disponen. La misma función tienen los multiadaptadores para lapiceros.

Los puzles son otra excelente opción, pero, eso sí, elige los basados en palabras para ayudar a los niños en su comprensión y en el modo en que se redactan. Proponles otros juegos con letras, como los centrados en recortarlas con ayuda de tijeras o de punzones. Encontrarás multitud de variantes y todas son igual de útiles.

No olvides la importancia de poner en práctica este tipo de de actuaciones en el aula. Es importante trabajar la coordinación a nivel global y, más específicamente, a nivel manual. Los especialistas ayudarán a tu hijo a realizar los movimientos idóneos de manos y de dedos, al mismo tiempo que corregirán su postura corporal.

En definitiva, si sospechas que tu hijo puede sufrir dislexia o disgrafía, procura que su detección sea lo más temprana posible. Es el mejor modo de trabajar para ir superando las dificultades que se presenten en su aprendizaje.

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