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¿Por qué es tan importante la masticación?

La masticación es una función aprendida que es posible gracias al órgano bucal o sistema estomatognático. Esta es una actividad neuromuscular compleja que contempla desde el acto de morder, hasta la trituración, molienda y pulverización del alimento.

Para  que se pueda llevar a cabo de la mejor manera posible es necesario contar con unas características ocluso-dentales del niño favorables y es imprescindible que el entorno facilite una serie de alimentos, de variadas consistencias, para que el sistema pueda entrenarse. Todo ello enriquecerá el sistema neuromotor a la vez que incidirá en el crecimiento craneo-facial

Es interesante resaltar que la importancia que tiene la masticación en el desarrollo armónico de la boca y de sus componentes (mandíbula, maxilar, hueso hioides, huesos del cráneo y sus estructuras dinámicas) es una continuidad de la ejercitación iniciada ya con el amamantamiento.

Hay que considerar que masticar de manera incorrecta (masticar poco, con alimentos demasiado blandos,…) puede provocar alteraciones en el tono de la musculatura, en el crecimiento de los huesos de la cara, interferir en las funciones orofaciales (tales como la deglución, la fonoarticulación, la respìración, etc.) llegando incluso a generar maloclusiones o alteraciones en el posicionamiento dental. 

Es muy importante tener presente que el órgano bucal se denomina también órgano masticatorio puesto que su papel más destacado recae en la masticación y no propiamente en el habla como mucha gente piensa. Así pues, la función articulatoria se interrelaciona directamente con la masticatoria, motivo por el cual una masticación óptima favorecerá los movimientos o praxias implícitos en el habla.

El principal objetivo de la masticación es preparar los diversos alimentos para su deglución y posterior digestión, promoviendo así la acción bactericida para formar el bolo alimenticio, el desarrollo de los huesos maxilares y mantener los arcos dentarios funcionales y adecuados para realizar su función correctamente.

Para todo ello es necesario tener una eficiencia masticatoria que nos permita lograr pulverizar el alimento con movimientos rotatorios y bilaterales alternados y un rendimiento masticatorio que nos ayude a triturar el alimento con un número determinado de golpes masticatorios. 

Aún así, no siempre una masticación rotatoria significa que es eficaz y, por tanto, en consulta, tendremos que hacer un abordaje terapéutico. En terapia logopédica da buenos resultados trabajar la eficiencia y el rendimiento masticatorios mediante recursos terapéuticos como pueden ser las gomas tubulares o los Chewytubes (a parte de la ayuda que nos ofrece la saliva) que ayudan al fortalecimiento de la musculatura masticatoria, la fuerza de la mordida y al desarrollo del proceso masticatorio en sí. Este tipo de ayuda será un acompañamiento al trabajo directo de la función, en este caso de la masticación, mediante el alimento.

Actualmente, se detecta un incremento muy significativo de errores de habla, aspecto que se puede relacionar fácilmente con la modificación de los hábitos alimentarios presentes en las últimas décadas.

Los nuevos modelos familiares y sociales han variado sustancialmente nuestras comidas diarias. A diferencia de nuestros antepasados, que roían y masticaban alimentos que encontraban y recolectaban en el campo, bosque,…, hemos introducido alimentos mucho más blandos, que requieren de menor actividad muscular y menos tiempo para poder ser deglutidos.

Ante la presencia de dietas menos exigentes, a este nivel, es fácil detectar dishabilidades funcionales que se deberán abordar en tratamientos de reeducación logopédica.

A veces no es fácil ni rápido endurecer dietas ya que si los niños no se sienten competentes masticando pueden llegar a rechazar los alimentos sólidos, especialmente los más duros, secos y fibrosos. Es por este motivo que cobran especial interés los mordedores para poder realizar un trabajo específico previo.

Éstos nos permiten entrenar la musculatura e integrar este trabajo con alimentos, lo antes posible. Así pues, hacer que nuestros niños sean masticadores competentes será un objetivo común para logopedas, odontopediatras, maestros, educadores,… y como no podía ser de otra manera, para las familias.