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La importancia de la educación emocional en grandes y pequeños

A diario, nos vemos implicados en infinidad de situaciones en las que, interactuemos o no con otras personas, experimentamos y proyectamos emociones.

Cuando estamos leyendo una historia apasionante, contada en el decimocuarto capítulo de nuestro libro favorito o en la película del domingo; cuando estamos en la cola del supermercado, tenemos prisa por llegar a casa, pero hay una cola terrible, o cuando nos toca estar en un atasco eternamente kilométrico en la carretera, después de una larga jornada laboral…

Cada situación de la vida genera una emoción, por pequeña que sea. Viene en nuestro código genético.

Los humanos somos seres emocionales. Así como somos seres sociales y necesitamos del contacto con otras personas, para aprender a identificar, integrar y gestionar nuestras emociones, a lo largo de toda nuestra vida.

¿Qué son las emociones?

¿Qué papel juegan en nuestra sociabilización? … ¿y en nuestra construcción de la imagen que nos hacemos de nosotros mismos?

Si bien podemos delimitar el concepto gracias a la Real Academia de la Lengua Española, que define la emoción como “una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática” (RAE, 2021); dar una definición exacta de esta palabra podría no bastar para entender el concepto en sí.

Las emociones son inconscientes y todo ser humano necesita hacer consciente cada emoción experimentada

En este sentido, como dice Rafael Guerrero en una exposición sobre el tema en el año 2019 las emociones son inconscientes y todo ser humano necesita hacer consciente cada emoción experimentada, a fin de poder identificarla y entenderla.  Este autor sostiene que para hacer más fácil este proceso, lo ideal sería que, desde bien pequeños, incluso desde antes de nacer o de neonatos, nuestros padres y entorno más cercano nos pudieran enseñar a hacer consciente lo inconsciente.

 

Gimnasio emocional

Es crucial y necesario que nuestros mayores nos lleven a una suerte de “gimnasio emocional” que nos prepare para ejercitarnos en gestionar nuestras diferentes emociones y, con el tiempo, nosotros mismos podamos ir progresando al respecto, de manera más autónoma.

Según este autor, como humanos nos diferenciamos de otros animales por el hecho de poder sentir determinada emoción y expresar algo totalmente diferente, incluso reprimir esa emoción y no exteriorizarla. En este sentido, da evidencias de que el niño, el adolescente o inclusive el adulto, de manera muy clara y definitoria, puede presentar mayores dificultades en su gestión emocional si no se ha recibido la correcta estimulación a la que nos referíamos en líneas anteriores.

A partir de aquí, podemos deducir que se hace patente la importancia de las emociones en la óptima sociabilización del individuo y en la relación que tiene este consigo mismo, ya que como humanos aprendemos de aquello que vemos y, sobre todo, de lo que experimentamos en primera persona.

Ámbito educativo: 6 preguntas clave

  • ¿Qué hay de la educación emocional en el ámbito educativo?
  • ¿Nuestra práctica docente está encaminada eficientemente a la enseñanza y el aprendizaje de la tan sonada gestión emocional?
  • ¿Contamos con las herramientas formales para ello?
  • ¿Existe la colaboración entre escuela y familia al respecto?
  • ¿Cómo adaptamos la práctica en el aula si las condiciones familiares del alumno no son las idóneas?
  • ¿Cómo implicamos a las familias al respecto?

Todas estas preguntas son extensas de abordar y es necesario que cada uno de nosotros se tome el tiempo necesario de reflexión, con profundidad.

Para poder enseñar a nuestros hijos y alumnos a gestionar mejor sus emociones, primero hemos de saber hacerlo nosotros con las propias. Tomarnos el preciado tiempo para mirar hacia adentro, conocernos, aceptarnos; dejando de lado todas esas distracciones y obstáculos que nos ponemos día a día, para justificar que debemos rendir mejor en el trabajo, en el gimnasio o ser alguien diferente para encajar en el grupo de turno porque, de lo contrario, nuestro ego podría sentirse herido y reconectar con el niño interior que todos llevamos dentro y sólo unos pocos sacan fuera, para vivir de manera algo más plena.

Calculadoras humanas vs personas emocionales

La educación de las personas no debería estar sólo encaminada a formar individuos eficaces y llenos de conocimientos técnicos para resolver problemas como calculadoras perfectas, en una cadena de montaje. Las emociones deberían formar parte primordial y preferente de todas y cada una de las etapas educativas por las que pasa un niño, un adolescente, incluso un adulto. Y no. No basta sólo con que se trabaje en la escuela. Más allá de los problemas estructurales que pueda presentar el sistema educativo actual, sobre todo el público; los docentes necesitamos, encarecidamente, que las familias se involucren al 100% en la ecuación, aunque ello implique romper con sus propios esquemas sistémicos y mentales a la hora de abordar la educación de sus hijos…y quizás también la suya propia.

Como seres sociales que somos, nos necesitamos los unos a los otros para avanzar en este hermoso camino. No nos demos el lujo de dejar al libre albedrío algo tan esencial como la transformación de las personas que componemos la sociedad. Tomemos responsabilidad de nuestra parte y ayudemos a construir el mundo que deseamos para los demás y para nosotros mismos.