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Cocinando aprendizajes

En tiempos de recogimiento, la introspección y el recuerdo pueden ayudarnos a pasar el tiempo y a aprender de la situación. Entrar en la cocina con los peques y viajar a nuestra infancia puede ser una experiencia muy “rica” en todo el sentido de la palabra. Hacerles partícipes de aquellos platos tan deliciosos que nos preparaban nuestras madres o abuelas, con cariño, esfuerzo, tiempo y dedicación nos ayudará a trasladarles valores esenciales que también se aprenden cocinando, entre muchas otras cosas.

 

¿Pero, qué infinidad de aprendizajes podemos cocinar con ayuda de la familia?

En primer lugar, tenemos que pensar qué platos nos gustaría preparar. Seleccionarlos y ponerlos en común para decidir cual elegir, para prepararlo entre todos, es una fantástica actividad de cooperación y expresión oral. Esta implica intercambiar información, usar variadas funciones comunicativas y a la vez nos enseña a respetar los turnos de conversación.

Una vez consensuado lo qué vamos a elaborar, llega el momento de planificar y organizar qué elementos necesitamos para elaborar el plato. Todo ello nos ayudará a estimular algunas capacidades cognitivas, tales como:

  1. Lenguaje oral:
  • Conocer y comprender nuevo léxico, categorizar vocabulario según campos semánticos (ej. alimentos, frutas, utensilios de cocina…), etc.
  • Trabajar el acceso al léxico específico mediante pistas fonológicas o semánticas.
  • Diferenciar fonológicamente (ej. buscar palabras que empiecen por el mismo sonido o que rimen con una determinada sílaba).
  • Deletrear los ingredientes o utensilios necesarios.

Y si nuestros hijos ya se han iniciado en la lecto-escritura, tendremos una buena excusa para conocer una tipología textual habitual: “la receta”.

  1. Lenguaje escrito:
  • Para practicar la lectura, podremos leer y comprender recetas, adecuadas a la edad del niño, para comparar y encontrar la que más nos convenga como guía.
  • Para practicar la escritura, podemos confeccionar la lista de los ingredientes necesarios, describir los pasos a seguir fijándonos en la construcción y estructuración de oraciones, recordaremos la ortografía (natural y arbitraria), nos fijaremos en la ejecución del trazo, etc.

Llegado el momento de ponernos manos a la obra, entran en juego otras muchas destrezas que van más allá del lenguaje como son los conceptos numéricos y temporales.

  1. Aprendizajes matemáticos y temporales:
  • Será importante conocer y manipular diferentes cantidades de peso y unidades de medida (aplicable en sólidos, líquidos, temperatura, …), practicar operaciones matemáticas en función de si ponemos o sacamos ingredientes, etc.
  • Descubrir conceptos temporales mediante la preparación del plato nos permitirá utilizar con propiedad adverbios tales como: antes, después, etc. y conjugar adecuadamente los tiempos verbales. Además, la ayuda de un reloj o temporizador nos permitirá profundizar en las unidades y gestión del tiempo (ej. segundos, minutos, horas).

 

¡Y esto no es todo! Cocinar también puede dar rienda suelta a la imaginación.

La creatividad puede ser ilimitada si la hacemos volar. Realmente en la cocina podemos ser auténticos exploradores ya que podemos descubrir y observar todos los cambios de color, textura, aroma, …  que se van produciendo en los alimentos a lo largo del proceso.

Y cuidado, se acerca el final, y llega el momento de inferir que pasará si todo sale bien. O de lo contrario, tocará ajustar expectativas y aceptar la frustración si algo nos falla o no sale como esperábamos. Sea como sea podremos seguir el hilo conductor de la historia compartiendo los contenidos que dan continuidad a la organización del discurso narrativo junto con el trabajo de las emociones.

  1. Motricidad y creatividad:
  • Para cocinar es imprescindible contar con finos movimientos manuales bien coordinados. Desmenuzar, amasar, pelar, exprimir, cortar y decorar serán tareas que nos ayudan a entrenar nuestra psicomotricidad fina a la vez que permitirán crear aquello que la imaginación nos sugiera.

Uy, que bien huele, … empiezan a potenciarse los olores y llega un momento especial para que todos podamos entrenar los sentidos. Despertar la nariz y el olfato es sumamente importante para aquellos que no han utilizado demasiado este órgano para respirar. Un sentido especial que, junto con el sabor, nos ayudará a almacenar en la memoria un sinfín de experiencias, situaciones, recuerdos y personas de la infancia que también trasladará y gratificará a los peques cuando crezcan.

  1. Descubrimiento sensorial:
  • Tocar, oler, probar, etc. y, en resumen, experimentar con la comida será una fabulosa tarea para poner en marcha todos nuestros sentidos y ver qué sensaciones nos resultan más o menos agradables. Atrevernos a probar nuevos alimentos y texturas siempre es un reto a superar con los más pequeños de casa.

Así pues, entrar en la cocina, es una fantástica experiencia para pasar un buen rato, compartir y aprender en familia.