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Signos de alerta del Trastorno del Espectro Autista

Detectar un niño con un trastorno del espectro autista (TEA) lo antes posible es fundamental para concretar un diagnóstico precoz y proponer un abordaje temprano para que sea lo más beneficioso tanto para el niño como para su familia.

No todas las personas son iguales ni todas las manifestaciones clínicas de esta alteración son las mismas. Conocer el trastorno y sus características nos ayudará a detectar precozmente la sintomatología.

¿Qué es el autismo?

El autismo es una alteración del neurodesarrollo, que se manifiesta con una gran variabilidad sintomática, comprometiendo la comunicación e interacción social y conllevando patrones repetitivos y restringidos de conductas, actividades y/o intereses.

Los estudios científicos más recientes nos ayudan a comprender mejor el autismo. La nueva clasificación de los trastornos autistas en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) ha substituido la anterior etiqueta diagnóstica por el término “Trastornos del espectro autista” ya que han sido incluidos en una categoría más amplia de “Trastornos del neurodesarrollo”.

¿Qué manifestaciones presentan? 

Los niños con autismo presentan diversas manifestaciones clínicas que se pueden agrupar en 3 categorías:

  1. Alteraciones cualitativas de la comunicación.
  2. Alteraciones cualitativas de la interacción social.
  3. Patrones estereotipados o restrictivados de conducta.

Tales características se van presentando gradualmente y nos permiten sospechas de la entidad diagnóstica entre los 12 y 24 meses de vida. Las conductas restrictivas o estereotipadas son las últimas en aparecer en tal cuadro clínico.

Signos de alerta

Antes de los 12 meses:

  • Ausencia o poco contacto ocular con otras personas.
  • Escasa reacción y anticipación al ser cogido.
  • Falta de interés en juegos interactivos o simbólicos simples (ej. cucus-tat).
  • No muestra sonrisa social.
  • Falta de inquietud ante personas desconocidas.
  • Ausencia de balbuceo y gestos sociales (ej. saludar o despedirse con la mano).

Después de los 12 meses:

  • No reacción a su nombre.
  • Falta de lenguaje gestual para comunicarse (ej. pedir algo).
  • Reacciones anómalas ante estímulos auditivos.
  • Ausencia de mirada hacia centros de interés.
  • Falta de imitación espontánea.
  • Ausencia de balbuceo social como previa comunicativa.

De los 18 a los 24 meses: 

  • No aparición de las primeras palabras.
  • Dificultades para seguir la mirada del adulto.
  • Dishabilidades en la comprensión del lenguaje.
  • No expresión de holofrase o enunciados de 2-3 palabras de manera espontánea (no ecolálicas).
  • Limitación en el juego funcional con juguetes o muestras repetitivas de juego.
  • Ausencia de juego simbólico.
  • Poco interés por sus iguales o familiares.
  • No imita ni repite gestos, acciones o producciones verbales.
  • Escasas muestras de afecto.
  • Pérdida de palabras u otras habilidades del lenguaje o sociales a cualquier edad.